En los últimos años, estos dos términos se han vuelto cada vez más populares en el Perú. Se sugiere estar consciente, se recomienda estar informado de lo que pasó en el periodo del conflicto interno. ¿Pero realmente es lo mejor? En este caso, surge la cuestión que planteé en el título.
La respuesta de muchos probablemente sea la memoria. Surge siempre esa necesidad de recordar todo, y aquella vieja frase tan popular los últimos años vuelve a sonar:Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Al menos esa es la respuesta oficial, pero seamos honestos, ¿qué hay de bueno en recordar todo? ¿No nos estaríamos atormentando con los problemas de la historia? ¿Todos queremos realmente recordar?
Sobre esto, Yerushalmi, un historiador estadounidense, tiene un capítulo en uno de sus libros, titulado Reflexiones sobre el olvido, en el que nos plantea la cuestión desde dos ejemplos. El Mnemonista y un soldado herido de Smolenk. Ambos son las dos caras de la moneda. Mientras uno recuerda absolutamente todo, el otro casi no recuerda nada. Grandes similitudes se pueden encontrar en la sociedad peruana, ¿verdad? Y sí, no sería escandaloso afirmar que muchas personas no están enteradas de lo que pasó en la época del terrorismo. Pero estoy seguro que hay, a su vez, personas que lo vivieron en carne propia, y quisieran olvidarlo. ¿Podemos culparlas? Tal vez podríamos intentar comprenderlas.
Nietzsche alguna vez señaló que "es absolutamente imposible vivir sin olvidar" y probablemente lo sea. No todos podemos ser mnemonistas, y considero que no quisiéramos serlo. Sin duda, recordar todo puede ser tanto una bendición como una maldición. Pero en general, resultaría insoportable, vivir sin olvidar.
¿No es el olvido una protección de alguna manera? De un exceso de información sin duda. Pongamos un caso muy simple, alguien que se ha enterado que su esposa le ha sido infiel, es muy probable que quisiera olvidarlo, y seguir con su vida. Porque si hay algo que quisiéramos olvidar, es aquella noticia desgarradora que marcó un antes y un después en nuestras vidas. En casos particulares, tal vez sea mucho más fácil darnos cuenta del olvido como algo muy atractivo.
Tenemos información hoy en día de lo que pasó en los 80's. ¿Pero qué hacemos con esto? La información que recibimos de todo lo que pasó en ese periodo está ahí. No está oculta. Está esperando a ser descubierta. A ser reportada. A ser contada a aquellas personas que no conocen nada de lo que pasó, o simplemente prefieren ignorarlo bajo la excusa de que el terrorismo ya terminó. Y eso es excusa suficiente, me pregunto. Bajo esa premisa, la historia no debería ser estudiada porqué ya pasó. Bajo esa premisa, ¿para qué sirve la historia en el Perú?
¿De qué deberíamos acordarnos, qué podemos autorizarnos a olvidar? es lo que plantea Yerushalmi al final del primer capítulo. ¿Existen límites entre una cosa y la otra? ¿Qué olvida el peruano promedio? ¿Qué quisiéramos que recuerde?
Preferimos olvidar supongo. En un escenario político, esto es muy notorio. Dejamos que personajes con graves acusaciones regresen a nuestra coyuntura política, y sobre todo, los esperamos con los brazos abiertos, dispuestos a darles una segunda oportunidad. Dejamos que una dinastía continúe arraigándose en el poder. No aprendemos de los errores del pasado, y volvemos a cometerlos en el presente. Actualmente tenemos a un país dividido en dos, y eso lo reflejaron los resultados de la última elección. Y esta elección, en especial la segunda vuelta, sirve como ejemplo a la cuestión que estoy planteando.
Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynzki. Ellos fueron los que pasaron a segunda vuelta, y sin duda, lo que pasó con la primera, me servirá de ejemplo. Hubo una oposición muy llamativa hacia ella. Me generó sorpresa la cantidad de personajes de la coyuntura política, e incluso algunos que no lo eran, que hacían llamados para votar en contra de ella, que representa el autoritarismo sostenían. Que su padre fue un dictador, argumentaban. Que ella es igual a su padre, decían. Cargar una mochila tan pesada, debe ser difícil. Pero una pregunta que valdría la pena responder es ¿todo lo que ella ha conseguido en las últimas elecciones es mérito de ella o demérito de aquellos que deberían promover la historia? Sin duda hubo un cargamontón hacia ella y hacia su partido, que no juzgaré si fue correcto. Lo que sí pondré a tela de juicio es ¿por qué ahora? "El Perú necesita de todos para evitar que regrese lo que pasó en los 90" escuché decir a un compañero mío que compartía esto. La pregunta es si necesitábamos a todos para esto, ¿por qué nos unimos recién? ¿Por qué ellos recién hacen sonar sus voces ahora? ¿Dónde estaban ellos cuándo el país necesitaba recordar todo lo que sucedió? Si realmente ella representa a su padre, y se le considera una persona atroz, ¿dónde estaban aquellos autollamados defensores de la democracia cuándo ella comenzó su campaña? ¿Dónde queda el llamado a la memoria si aquellos que deberían defenderla, solo lo hacen por momentos?
Surgieron muchos movimientos y algunos tomaron más fuerza, como el Keiko No Va, con llamados a hacer memoria. Resultará interesante que harán en estos cinco años. Porque la memoria no es algo que solo debería salir a relucir en las épocas electorales. No es cuestión de un par de marchas y creer que así la situación cambiaría. Eso es tanto ingenuo como falaz. No podemos esperar que en dos días se deshaga algo que ha estado construyéndose en nuestras narices durante tanto tiempo.
Muchas personas salieron a aplaudir las marchas. Muchas de ellas salieron a marchar. El Perú no olvida se leía en algunas pancartas. ¿Esto es cierto? ¿El Perú no olvida? Preferiría pensar que sí, pero veremos qué pasa en estos años. Espero equivocarme, y que esta vez sea diferente.
Espero que este artículo sirva para algo, y nos deje en claro algo. El Perú sí olvida. Está en nuestras manos detener esto. Está en nuestras manos, hacer memoria. No nos olvidemos de nuestros compatriotas. No nos olvidemos de los que han sufrido por nuestro olvido, y de los que aún lo sufren. Hagamos memoria. No por pocos periodos de tiempo. Desde ahora y para siempre. Todo aquel que pueda transmitir la historia, que lo haga.
Entonces, vuelvo a preguntar ¿Yuyariy icha qonqay? Una pregunta que como peruanos debemos tratar de resolver.
Foto: Segunda marcha de No a Keiko.
*Esta columna fue publicada en Facebook el 27 de junio del 2016*
