Todos fuimos inocentes

En 1990 llegó al poder, Alberto Fujimori. Llegó para quedarse. Desde aquel 28 de julio de 1990, han pasado 27 años, y Fujimori, el primer gran outsider en la política peruana sigue presente en todas y cada una de las decisiones que se han tomado desde entonces.
En algún momento pensamos que Fujimori era la solución a todo aquello que el Perú necesitaba. Pensamos que aquel ingeniero no podía ser más que el mejor presidente en nuestra historia, plagada de mentirosos y ladrones. Que teníamos esperanza, en el Perú, el país donde la esperanza nunca faltará.
Y por momentos lo pareció. Lo defendimos cuando aplicó el shock, una propuesta de su rival en las elecciones, y que se rebautizó como el fujishock. Era lo que tenía que hacer.
Lo defendimos cuando cerró el Congreso. Es que no lo dejan trabajar.
Lo defendimos cuando cambió la Constitución, cuando se postuló a la reelección. Y lo fuimos defendiendo, y defendiendo. Es más, lo defendimos cuándo comenzaron a denunciarse las desapariciones de estudiantes, las tomas de universidades, las persecuciones, los secuestros, las esterilizaciones forzadas, las matanzas. Cuando forzó su segunda reelección, cuando causó un fraude electoral para poder ganar, cuando aparecieron los vladivideos, cuando intentó sabotear la Marcha de los Cuatro Suyos, cuando se fue del país renunciando por fax a la presidencia.
Todos fuimos inocentes, y quizás aún seguimos siéndolo. No es en vano que aún ahora, se siga tocando el tema del indulto. Un indulto que si se da, marcará un antes y un después en la política peruana.
¿Cuáles son los fundamentos de este posible indulto?
Como excusa, se habla de la salud de un hombre mayor. De un hombre cuya condena fue injustificada, que está pagando el haber mejorado el país, dicen. Pero todos sabemos que ahí hay gato encerrado.
Más allá del retorno de la libertad del mejor presidente del Perú, significaría un triunfo rotundo del fujimorismo. Un triunfo rotundo pues el indulto es mucho más que devolver la libertad, es perdonar los crímenes por los cuáles entró a la cárcel. En tecnicismos, jurídicos, que prefiero no tocar, de lo que no se sabe, no se habla, Fujimori no fue condenado por crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, fue condenado por asesinato con alevosía (el caso de los asesinatos en Barrios Altos y la Cantuta), secuestro agravado y lesiones graves (para aquellos que no están enterados, los secuestros fueron al periodista Gustavo Gorriti y al empresario Samuel Dyer) los delitos de peculado doloso, usurpación de funciones, falsedad ideológica en perjuicio del Estado. Claro, delitos graves, enserio, pero no crímenes de lesa humanidad.
Para aquellos que no lo sepan, los cargos que se le querían borrar a Fujimori son precisamente los mismos que impiden que se le dé el indulto humanitario. El de secuestro agravado y lesiones graves. Es ese el primer paso para la liberación del reo Fujimori. Como pocos medios se dignaron a investigar mucho al respecto, y más tiempo le dedicaron a sus falsas indignaciones no se sabe que se podría rectificar dicha sentencia. Es posible, existen los fundamentos legales, pero se lograría tras una ardua lucha, lucha para la cual no hay tiempo.
Precisamente por ello, sólo queda como opción que el presidente de la República decida dárselo. Y a esto, los fujimoristas deslizan su carta trampa. Danos el indulto, y te daremos la posibilidad que gobiernes tranquilo.
Se podría afirmar que el trato no parece tan malo. Pero es como darle tu alma al enemigo. Porqué el fujimorismo es el enemigo, es una fuerza política forjada a partir de la imagen de una figura política repudiable. Porqué, el reo Fujimori es repudiable. No es el único, por supuesto. Tenemos a más joyitas en nuestro historial político, a las cuáles se les dedicará con mucho cariño y aprecio, artículos, columnas y más, en el futuro. Pero hoy no. Hoy se trata del reo Fujimori.
¿Debe morir en la cárcel el reo Fujimori? 
No. Personalmente sostengo que nadie debería morir en la cárcel, pero no podemos cambiar esto. No podemos ir en contra de una sentencia histórica contra una de las personas que fueron nefastas para el país. Porque indultarlo sería mandar al carajo un logro, de los pocos que se pueden nombrar, del Poder Judicial.  Y cómo necesitamos estos logros.
¿PPK lo indultará?
Con este Presidente nada se puede saber. Tiene un gobierno que está tambaleando, y un Congreso que está aprovechando los tremendos autogoles que cometió, comete y probablemente seguirá cometiendo. El Congreso no está yendo en contra del Gobierno, el Gobierno está yendo en contra de sí mismo. Pero muchos errores podrá cometer, excepto el del indulto. Como pueblo, tenemos que condenar siquiera la posibilidad de que éste se dé. Porque, se puede dar. Se puede mandar todo al diablo, toda la estructura de la democracia, todo lo que nos rige como país, la lucha anticorrupción, y la línea que debemos seguir.
Porqué lo único que nuestro Presidente debe hacer, es seguir. Resistir, y salir adelante. El Gobierno debe representarnos, y este Gobierno no lo hace, y no lo hará si cae en esta trampa.
¿Qué entra en juego?
Está en juego la gobernabilidad de un gobierno que no sabe gobernar. Porqué si se sigue tocando este tema es por el crecimiento del fujimorismo como fuerza política. Desde 1990 hasta ahora, 27 años después, muchos partidos han ido y venido, el APRA ha muerto y revivido, el PPC ha tenido problemas institucionales, y la izquierda se dividió aún más. Sin embargo, nadie se ha consolidado tanto como el fujimorismo. Quizás nadie quiso creer que podía pasar. Quizás se subestimó al partido que realzaba la imagen de un presidente que se fue tal y como vino. Sin embargo, pasó. Se veía venir, y nadie lo detuvo. Y en el 2016, se pagaron las consecuencias del peor crimen que puede cometer una sociedad; el de olvidar.
Acaso la victoria del fujimorismo fue aquella mayoría que se logró en primera vuelta. Porque, señores, PPK ganó la presidencia, pero perdió todo poder incluso antes. No cabía posibilidad que pudiera gobernar bien con una mayoría aplastante, que lo repudiaba, lo repelía, lo veían como un traidor (habrá que recordar que nuestro excelentísimo Presidente apoyó a la señora Fujimori en las elecciones del 2011).
Está en juego, además, nuestra imagen como país. Se podrá criticar mucho al Perú, pero el peor error que podemos cometer (después de elegir dos veces a García como nuestro presidente) es el de olvidar. No se puede, no se debe olvidar.
No podemos olvidar a los desaparecidos en aquellos crueles años.
No podemos olvidar las masacres que se dieron a muchos pueblos bajo la excusa de la lucha contra el terrorismo.
No podemos olvidar la represión que existió contra los estudiantes universitarios, bajo el prejuicio que eran senderistas.
No podemos olvidar lo cobarde que fue el reo Fujimori al huir de nuestro país y no dar la cara por muchos años.
No podemos olvidar aquel show mediático que dio en el primer juicio, cuándo nos regaló una de las frases que quedarán para la posteridad en nuestra política. Soy inocente.
No podemos olvidar al grupo Colina.
No podemos olvidar a Barrios Altos, a La Cantuta.
No podemos olvidar a Javier Ríos Rojas.
No podemos olvidar a Manuel Isaías Ríos Pérez.
No podemos olvidar a Luis Alberto Díaz Astovilca.
A Octavio Benigno Huamanyauri Nolasco, Placentina Marcela Chumbipuma Aguirre, Benedicta Yanque Churo y a más, muchos más.
Repito, todos fuimos inocentes. Todos creímos en este señor. ¿Fue Fujimori el mejor presidente del Perú? No. No lo fue.
¿Erradicó el terrorismo? No. Luchó contra él, y eso no lo podemos negar. Pero el terrorismo nunca se detuvo. Se le cortó la cabeza visible, solo se le puso pausa. Jamás se interesó por detener a Sendero Luminoso en sus incursiones en la selva. Jamás se interesó por detener al terrorismo. El terrorismo solo fue erradicado de Lima.
¿Reactivó la economía? Sí. Aunque seamos honestos, hasta Vargas Llosa lo habría hecho. Pero no caigamos en el mundo de las probabilidades. Quizás esto sea de lo poco que le podemos reconocer al reo Fujimori.
Pero nunca se preocupó por unirnos como país cuando más lo necesitábamos. Esto evidentemente dejó secuelas. Secuelas como el que San Marcos sea estigmatizada de terruca, que los estudiantes que reclaman sus derechos sean prosenderistas, que ser de izquierda es ser terruco, que ser comunista es ser terruco y muchas más. El reo Fujimori no es, no puede ser el mejor presidente del Perú.
El reo Fujimori está en la cárcel por crímenes, no de lesa humanidad, pero sí crímenes por los cuáles no debe ser indultado. Porqué el indulto no es una broma, es un perdón a sus crímenes, un perdón a crímenes que nunca aceptó. Que ni siquiera su partido se ha dignado a reconocer. Y el perdón, ese perdón del que tanto hablan, no se le puede dar a alguien que no admite sus errores. Al menos, en principio.
¿Hay algo de malo en que Fujimori sea indultado?
Por si todo lo anterior no lo deja en claro, hay mucho de malo en que Fujimori salga. Incluso aunque no se busque esto algo que dudo, será una figura política importante. Y un señor de 78 años que sale de la cárcel por una enfermedad terminal no puede ser figura de nada. 
Quizás por esto, marchas como la del viernes 07 de julio son necesarias en nuestro país. Pero con marchar no se acabará el asunto. La lucha es constante, contra este mal nefasto, que es el del olvido.
Y es que a veces, quisiera que se aplicara aquella greguería de Ramón Gómez de la Serna;
Tenía tan mala memoria que se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo.
El legado que ha dejado el reo Fujimori es nefasto. Pero es un legado que permitimos crecer. Es un legado que nunca nos importó combatir. Como se combate todo acto, con la memoria. Pero la memoria no sirve para un sólo día, la memoria se usa siempre. Y sencillamente por esta falta de memoria, todos fuimos inocentes y seguimos siéndolo cada vez más.