Sí existe el existencialismo en el mundo del metal

Mezclar la rama filosófica del "existencialismo" con uno de los géneros más influyentes y poderosos en la historia del rock y de la música: el metal, suena algo completamente loco e interesante porque observamos algo nuevo que contribuye no solo a la escena cultural, sino también a la intelectual ya que vemos el choque de dos mundos completamente distintos y, nos parece extraño que estas ramas cumplan un mismo objetivo: criticar a la sociedad de hoy.

Filósofos como Sartre y Camus utilizaron esta rama que tiene un concepto claro en cuanto a su postura hacia la sociedad, que es una sensación de disgusto y asco porque sienten que no pertenecían a una sociedad perfecta, sin embargo su condición no les deja más que vivir en ella y aguantar todo eso a que lo llaman incomodidad de vivir. Como lo señala Sartre en su libro El existencialismo:


"La realidad se vive principalmente por la angustia, es decir, por medio de aquello por el ser humano se da cuenta de su finitud y de la fragilidad de su posición en el mundo".


Esto significa que el humano siente la disconformidad, frustración y angustia al poder vivir en una sociedad falsa que lo hace infeliz y disconforme. En el ambiente del metal suele suceder algo parecido pero con el género Thrash metal ya que algunas bandas presentan canciones a base de una composición en la que se observa un rechazo hacia la sociedad pero con un término más de odio, rechazando la idea de poder pertenecer a lo que se llama perfección.


A continuación, presentaré una entrevista que realice a unos jóvenes músicos que pertenecen a este círculo de bandas que critican a la sociedad actual de nuestro tiempo.


Estaba caminando por la Av. Universitaria, yendo a buscar a un amigo llamado Víctor Hiroshi, un estudiante de ingeniería civil de la universidad Pontificia Universidad Católica del Perú cuyo pasatiempo es reunirse con su banda llamada "Zharma" en la que suelen ensayar en un estudio ubicado en él Agustino y tocan en espacios donde pasan Thrash Metal. Llegamos a un parque llamado Santa Emma, sentándonos para poder conversar de este tema que sonaba muy interesante y a la vez raro. Cuando le pregunté si existía el existencialismo en su género, lo noté muy confuso, ya que para él, este tipo de temas eran nuevos y algo quizás que no frecuentaba en las conversaciones que realizaba con sus compañeros. Sin embargo, decidió pasarme una canción suya de su banda “nómada”, cuyas letras pudieron responder a mi inquietud que tenía sobre esta pregunta e incluso, pude analizar unos pequeñas letras de la canción:



No hay libertad 

Para un mortal 

Control mental 

Y falsedad 

Desde que me puse analizar esas letras, entendí que ellos para componer sus canciones, tendrían que tener un significado reflexivo acerca de la sociedad, es decir que nosotros como personas tenemos que ponernos a pensar si realmente estamos correctamente expuestos a que la sociedad actual solo nos traerá, infelicidad, disconforme e enojo no solo con nosotros mismos, sino con lo que está al frente de nosotros. Luego me presentó a su amigo, Miguel Alarcón que es el guitarrista principal y vocalista de la banda le hice la misma pregunta. Me mencionó que el existencialismo en su género, lo llevaba a una forma de expresión y eso lo distinguía de los demás personas en su entorno social, no como una queja de la sociedad sino para estar alejado de todo y perderse en su música.
En conclusión, no solo salí satisfecho de la entrevista, sino que pude entender que a veces la música puede conectarte a ramas inesperadas como el existencialismo y que puede unirlas no para combatir, sino que te lleva a utilizar una fuente que sirve para poder expresarte no solo de como vives, sino que también te permite poder relatar cosas personales y de alguna manera u otra, el público se conecta a ti.Con Sartre y Camus es parecido, porque ellos nos enseñan el concepto del existencialismo no para combatir a la sociedad, sino para decirle que no pertenecerás a su estilo de vida que ella quiere que tu sigas y al raíz de eso, existe tu alejamiento de ella y no querrás formar y vas querer ir a donde tu libertad te diga a donde quieras ir.

Autor: 

Walter Velásquez.

La libertad de expresión en el Perú ¿realidad o ficción?


Es necesario devolver la libertad de expresión, de lo que uno piensa, a veces uno puede pensar cosas equivocadas, pero las puede decir, nunca hay que olvidar eso.
Pedro Pablo Kuczynski.
La libertad por excelencia, es un derecho. O se dice serlo. Quizás, como se dice, somos esclavos de nuestra libertad. Una especie de uróboros ético. 
Precisamente la libertad de expresión se mueve por estos campos minados. Digo campos minados, por el poder de la palabra, como diría aquel cura de la anécdota de García Márquez
Sin embargo, el poder de la palabra en el Perú, poco o nada importa. Aquí sólo importa de qué se diga, y por quién es dicho.
Este concepto puede ser rechazado por muchos, pero seamos honestos, no todos los temas pueden ser tocados. Es imposible que se hable de la época de Velasco y salir ileso, y en realidad, es imposible hablar de política y salir ileso.
Hay temas vetados que impiden que este derecho, irrenunciable, se cumpla a plenitud. Se dice que la libertad de uno termina, donde comienza la del otro. Pues en el Perú, la libertad de uno termina y no termina a la vez. Una especie de paradoja, en la cual sólo depende de qué tema hables. 
Hablar de política es hablar de los últimos 20 años y darte cuenta que no puedes hablar de un presidente sin tocar al anterior o al siguiente. Tú hablas de García, y Fujimori o Belaunde estarán ahí presentes. Es algo que no podemos evitar, y es que en política, todo tiene que ver con el pasado. Política sin historia, resulta una política un tanto tenebrosa.
Hablar de género es hablar de ciencia y religión. Es tomar una posición que muchas veces depende de tus creencias y que no puede escapar de ellas, definitivamente. Pero hablar de género también es tocar el tema de la violencia, una violencia reflejada, en la mayoría de casos, contra la mujer. Una violencia contra todo aquello que no esté bajo la figura patriarcal. 
Hablar de cultura, es hablar de algo que no está, pero es. Porqué, qué es la cultura sino algo en constante cambio. Y además, entramos en el eterno debate de cuál es la cultura peruana. ¿Quiénes somos peruanos? o incluso ¿Qué nos hace peruanos? Hablar de cultura es muchas veces, discutir sobre lo que importa en el país, y peor aún, quiénes importan.
Hablar de literatura es hablar de Vargas Llosa o de Miguel Gutiérrez. Es hablar de distintos autores, pero a la vez, es hablar de ninguno en particular. Porqué ¿de qué hablamos cuando hablamos de "La Hora Azul"? ¿acaso criticar a Cueto no es criticar a Vargas Llosa, y a su vez, criticar a toda una serie de autores universales a los que es mejor no tocar? Y no tocar no porqué sean intocables, sino por el único motivo que a nadie le gusta joder a alguien que es más grande; aunque su grandeza no esté justificada. Esto último escapa de la literatura, o se funde con ella, pero también ataca al resto.
He hablado de cuatro temas, que quizás no son los únicos campos minados, pero que serán los ejes centrales de lo que trataré en esta pseudocolumna de un estudiante que solo quería escribir.
Hablar de algo en el Perú, es hablar de nada. Pues casi todo se piensa, pero al momento de decirlo, surge la pregunta fundamental, ¿qué decimos? Una pregunta muda, que jamás tendrá respuesta, pues nunca lo sabremos, nadie nunca lo sabrá, y nadie nunca podría saberlo. Es un esfuerzo en vano el responder el qué decimos o el cómo lo decimos. Decía que la libertad de expresión es un campo minado, pues no todos los temas pueden ser abarcados, no todo puede ser hablado. El poder de la palabra vuelve a aparecer como una gran figura.
Un gran ejemplo es lo que dice Butters, que además de encontrarse en los límites de lo políticamente correcto, dice cosas que aunque las pensemos, nadie las admitirá. Es por eso que hay personas atrás de él, personas que lo defenderán, porqué lo identifican como uno de los pocos que hace buen uso de la libertad de expresión.
Pero como Butters hay muchos. No es el único, ni lo ha sido, ni lo será. Podemos identificar a Butters como ese candidato presidencial que sabe que no va a ganar, entonces sólo se dedica a despotricar contra todos sus rivales, diciendo cosas que normalmente no dirías si estuvieras confiado en la victoria.
Qué en los últimos 20 años, no se pueda hablar de un presidente que haya representado a la mayoría, no se pueda hablar de una institucionalidad, no se pueda hablar de un periodista líder de opinión, de un canal de televisión libre de intereses, es algo peculiar. Quizás cae en la utopía lo que pido. Quizás jamás podremos encontrar una libertad de expresión, pero de utopías vive el hombre (latinoamericano).
Pero estas reflexiones se alejan del objetivo del título, y era responder a esa cuestión. 
¿Es una realidad? No. Realidad es que, no podemos hacer uso de la libertad de expresión si todo cae rápidamente en la censura. Realidad es que, si reclamas tus derechos, puedes ser tildado de terrorista, subversivo, anarquista, golpista, y sinsentidos por el estilo.
¿Es ficción? Ficción quizás, porque no existe hasta que es conveniente. Los políticos la defienden, pero sólo cuando no los atacan. La prensa la reclama solo cuando se siente acorralada por el mal uso que le da. Sobre esto último, se podrían escribir diarios enteros, pero quizás eso será en otra ocasión. Pero mucho más importante, en una democracia, la libertad de expresión es esa excusa que tenemos cuando decimos algo que no es políticamente correcto. "Es mi opinión, pues, no me vas a callar, tengo derecho a decir lo qué pienso".
La libertad de expresión en el Perú es una ilusión, una ficción digna de una novela, una fantasía con algo de realidad cuyo mal uso solo deja en claro que somos un país sin voz. 
La tierra en la que todo se piensa pero (casi) nada se dice. 
Eso es el Perú. 

El piropo: ¿Se vale o hay que callarlo?

*Este artículo toca el tema del acoso sexual callejero (universal) y las medidas de un distrito limeño para las estudiantes de la universidad Antonio Ruiz de Montoya (Perú)(particular)*

El acoso sexual callejero es un tipo de violencia particular, tanto física como verbal, que por lo general implica una relación entre la víctima y su agresor. 
Esta violencia incluye prácticas como silbidos, comentarios sexualmente explícitos, miradas fijas, masturbación pública, seguimiento, tocamientos (“metida de mano”), exhibicionismo (mostrar los genitales), entre otros, del que cotidianamente son víctimas las mujeres en la calle o en el transporte público.
Es decir, el término piropo suele ir de la mano del acoso callejero, ¿Qué medidas se están tomando en Pueblo Libre? ¿Es un halago y no un acoso?
A continuación, se desarrollarán las preguntas planteadas.
La gran mayoría de mujeres encuestadas en el distrito de Pueblo Libre (distrito de Lima) nos aseguran que no lo califican como halago. 
Al contrario, lo califican como algo violento, una invasión a su espacio personal, (pues hay quienes desean caminar sin escuchar ninguno de estos comentarios) que ocasionan impactos negativos en las mujeres como temor a transitar solas por las calles, demoras innecesarias al evitar ciertas zonas consideradas inseguras, gastos extra para poder costear transporte privado, dependencia de otros hombres (padres, hermanos, parejas, entre otros) a quienes piden compañía y protección en las calles, abandono de centros de trabajo, entre otros. Pese a ello, lamentablemente el acoso sexual callejero es culturalmente aceptado, tanto por hombres como por mujeres. Los hombres no ven su acción como violencia: asumen que es su derecho dirigirse a las mujeres de esa forma. Las mujeres rara vez se defienden de ella: asumen que el acoso callejero es el precio a pagar por ser mujer y transitar sola por la calle (sin un hombre que la acompañe). Quienes no desean o rechazan estas conductas por considerar que invaden el espacio físico de manera grosera e irrespetuosa, afectan su dignidad, sus derechos fundamentales como la libertad, la integridad, el tránsito fluido, creando en ellas intimidación, hostilidad, degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos, establecimientos que desarrollen actividades económicas y frente a obras en proceso de edificación. Entrevisté a una compañera, que me compartió su perspectiva frente al “acoso callejero”.
Ella nos cuenta que, desde la adolescencia, las mujeres comienzan a sufrir acoso callejero. El acoso callejero es el piropo de toda la vida. El origen de este comportamiento es la situación de desigualdad ¿Cómo? ¿Por qué? Tradicionalmente las mujeres han ocupado la esfera privada (la casa) y los hombres la pública (todo lo demás), ellos podían salir a la calle solos en cualquier momento sin que se viera como algo negativo, ellas en cambio, eran tachadas de indecentes. La manifestación más directa es que se desenvuelven de forma diferente. A esto hay que sumarle que el cuerpo de las mujeres se ha tomado como un objeto decorativo disponible para los hombres.
Una vez explicado cómo surgen este tipo de situaciones vamos a lo práctico: ¿Por qué molesta? Principalmente porque no tienen derecho a decirnos su opinión sobre nuestro cuerpo: Somos libres de ir como queramos, ni el físico ni la ropa permiten el acoso. Molesta porque solo nos lo dicen cuando no vamos acompañadas por un hombre y eso significa que únicamente nos respetan si hay una figura masculina presente.
¿Y las consecuencias? En primer lugar, sentimos como hombres desconocidos tienen algún tipo de autoridad y derecho sobre nosotras. Enfrentarte diariamente a este tipo de situaciones va minando la autoestima. También provoca que pensemos que la calle no nos corresponde y tengamos miedo. No deberíamos tener que sentirnos así cuando pasamos junto a un grupo de hombres.
¿Pero es sin mala intención? La intención es lo de menos. Además, la mayoría de las veces que una mujer se empodera y se gira para contestar, hay un patrón de conducta:
1. Él lo niega.
2. Empieza a contradecirse y reconoce que ha dicho algo pero que no era para ella.
3. Insulta y dice frases del tipo “Yo qué te voy a decir a ti, fea”.
4. Increpa físicamente y amenaza.
Si detrás de estos actos no hubiera nada malo; ¿por qué negarlo? ¿Por qué atacar a la mujer? Una reacción acorde a una frase con buena intención, sería algo como “perdona, ha sido sin mala intención, disculpa si te ha molestado”, dicho de forma educada. Pero no, esto pasa más bien poquito.
Ante esta ola de abusos contra la mujer, La Municipalidad de Pueblo Libre (distrito de Lima) informó que las multas contra quienes incurran en conductas inapropiadas ya están activas. 
La sanción equivale a 4, 050 soles (1 UIT) y será impuesta a quienes actúen con intenciones sexuales de manera física o verbal. Para comprobar esta medida fui a la comisaría de Pueblo Libre donde el comisario Agustín Torres me informó que esa multa no podía ser en una comisaría y tenía que dirigirme directo a la Municipalidad de Pueblo Libre, solo allí podrían brindarnos ayuda  sobre cómo tomar nuestra denuncia y ayudar con el patrullero a capturar al agresor. Entonces visité la Municipalidad de Pueblo Libre donde me enteré que dicha medida, cuya ordenanza ya fue publicada en “El Peruano”ya está en vigencia. Me informaron que dentro de las conductas inapropiadas se incluyen silbidos, sonidos, frases o gestos que sean incómodas para cualquier persona que esté en la vía pública de su jurisdicción y para poder irme feliz de una visita fugaz al Municipio, me informaron que el se realizarán capacitaciones y campañas informativas relativas al problema del acoso sexual callejero para sensibilizar y comprometer a los vecinos con actitudes respetuosas.
Una medida así beneficia a todas y todos los estudiantes de la UARM de tal modo que conversamos con la Docente Rocío Silva Santisteban Manrique.
¿Qué sensación le genera que el distrito de Pueblo Libre sancione el acoso sexual callejero?
Rocío: Me parece sumamente importante que la Municipalidad haya tomado cartas en el asunto. No hay mujer limeña que no haya sido acosada alguna vez en su vida: sobre todo, en sus etapas de adolescente y niñez. El Perú es el segundo país de América del Sur con mayor tasa de violaciones sexuales, el 89% de los casos se trata de menores de edad. Eso es una barbaridad, es una data que debe darnos vergüenza. Se piensa que el acoso callejero es "suave", pero no se entiende que forma parte de la pirámide de la violencia hacia la mujer, y que es un inicio que puede llegar a la violencia física o sexual. No podemos tolerar esto. Como mujeres, debemos de luchar por que respeten nuestra dignidad. Otro tema terrible es el acaso en redes sociales, que en el Perú tiene niveles de abyección inimaginables.
¿Qué papel cumple la Universidad Ruiz de Montoya para reducir los casos de violencia contra la mujer o contra las minorías?
Rocío: Considero que la UARM (Universidad Ruiz de Montoya) debería cumplir un papel valioso en la reducción del acoso, integrando la perspectiva de género a los estudios en Humanidades y apoyando las iniciativas de los grupos estudiantiles de mujeres que quieran hacer talleres, grupos de auto reflexión, grupos de seguridad, entre otros. No tengo información concreta si la UARM ha cumplido algún papel específico en la promulgación de esa ordenanza. 
En síntesis, debemos contribuir a disminuir el acoso callejero denunciando al agresor con la primera autoridad que tienes a la mano, ya sea policía, un sereno o los trabajadores del servicio de transporte en el que estás. Es importante interponer la denuncia, registrar a esta persona que agrede en los espacios públicos para establecer un antecedente y que esto no se vuelva a repetir. Si las prácticas fueron exhibicionismo (alguien que te mostró los genitales), tocamientos o si recibiste señas obscenas, debes saber que el código Penal peruano te ampara.
Art. 183 “Será reprimido con pena privativa de libertad no menor de dos años el que, en lugar público, realiza exhibiciones, gestos, tocamientos u otra conducta de índole obscena”.
Autorx:
Pilar Anco.