Marilú: Crónica de una muerte anunciada (II)


Esta es la segunda parte de una pseudocrónica que repasa la gestión de Marilú Martens centrándose en las dificultades que enfrentó durante su periodo.

La segunda bomba ocurrió el 15 de junio, cuando los maestros de Cusco decidieron declararse en huelga. Aquel 15 de junio nadie pensó que a estas alturas, en septiembre, una acción que comenzó en Cusco terminaría en Lima, llevando al fin de la gestión de Martens. Por aquellas épocas, las noticias eran las declaraciones de Odebretch, los comentarios racistas de Butters sobre los ecuatorianos y la posible censura de Alfredo Thorne. A nadie le importó aquella huelga convocada a nivel nacional, pues pese al acatamiento de doce regiones,estaba alejado de la capital. Quizás las cosas comenzaron a salirse de control cuando los profesores cusqueños, en busca de que se les haga caso, intentaron entrar al aeropuerto, "entró en peligro el Inti Raymi" y tomaron la Plaza Mayor de su ciudad. En aquel momento, quizás Martens se dió cuenta que el Perú no es Lima, y decidió tomar cartas en el asunto. ¿Qué hizo? Pues no tuvo mejor idea que la de declarar ilegal la huelga en el Cusco. Quizás su primer error. Claro, digo quizás pues sería bueno señalar que el error fue dejar que la inconformidad de los maestros se mantuviera en alza en vez de hacer algo por mejorar la relación Ministerio-maestros. Relación que en esta huelga se terminó de romper. Una constante en todo este problema fue el pedido del regreso a las aulas, este fue el primero. Martens salió al día siguiente de declarada ilegal la huelga en el Cusco, diciendo que estaban dispuestos a dialogar, 8 días después de iniciada la huelga. Los maestros rechazaron este pronunciamiento, y decidieron seguir con la huelga.
Cuando los maestros le dieron un límite de tiempo (48 horas) al Ministerio para instalar mesas de diálogo, hubo cierto cable que reaccionó en la Ministra pues sí hizo caso. OJO, esta decisión no fue propuesta por el Ministerio, sino por iniciativa de los maestros. Otra decisión que aún sigue en el olvido fue el pedido de que la Comisión de Educación del Congreso de la República sesione en el Cusco, en busca de resolver la huelga. ¿Esto ocurrió? Pues no. ¿Qué pasó con la mesa de diálogo instalada por el Ministerio? Pues nada. Simplemente el diálogo no prosperó. Era el 28 de junio, y la huelga llevaba 13 días, y estaba lejos de acabar.
Llegaba el nuevo mes, y se tocaba el tema del Contralor de la República. Martens iba a los medios para hablar de este tema (además habría que tener en cuenta que ella también estuvo implicada en la compra de computadoras) y como un tema secundario el de la huelga (aún situada en Cusco). Eso sí, Martens ya empezaba a tomarse en serio el asunto si es que alguna vez lo hizo al comenzar a implorar a los maestros que regresen a las aulas. Se tocó el tema de los niños para conmover a la mayoría de los oyentes o televidentes. Segundo error de Martens, dedicarse al desfile en los medios en vez de ser la cara del Ministerio en el diálogo. 
Llegó el día del Maestro y renunció el Viceministro de Gestión Institucional. Baja no tan sensible para el Ministerio, pero sí simbólica. Eso sí, a partir de esa fecha, la prensa le dió importancia a otras regiones, como Puno. Y de la nada, lo que más temía Martens llegó; se habló de una huelga nacional. Entonces, el Gobierno, siempre bien asesorado, declaró en emergencia a Cusco y a Puno, medida que no iba a mejorar nada. Podríamos considerar este, el tercer error de Martens, pero el primero en el que no tiene la culpa directa.
El 24 de julio, el siempre oportuno Presidente de la República, soltó la primera de sus gloriosas declaraciones; "Aquí hay una motivación política más que pedagógica" respecto a la insistencia de los maestros en un aumento de sueldos, manteniéndose firmes en una cantidad que el Gobierno no estaba dispuesto a negociar. Al día siguiente, se informó que comenzarían los descuentos en las remuneraciones de los maestros cusqueños. Pasaron Fiestas Patrias, y la huelga continuaba.  El tema de los maestros fue el gran ausente en el mensaje a la Nación, lo cual indicaba lo serio que se estaba tomando el Gobierno todo este asunto. La huelga era relegada, pensando que con los descuentos lograrían algo. Se equivocaron. La huelga seguió. Siguió, y para comienzos de agosto, ya estaba lejos del fin. Martens estaba empezando a darse cuenta que la actitud que había tomado para/con la huelga no era la adecuada. No fue suficiente para cambiar el destino de una huelga que ya iba encaminada a Lima.
Hasta el día de hoy se sigue manteniendo la duda de si la evaluación es punitiva, y si el despido (tras tres evaluaciones desaprobadas) debe ser considerada como una evaluación punitiva. Al menos, ya existe un fallo del Poder Judicial que niega que los derechos laborales sean vulnerados con esta evaluación. Sin embargo, esta información no salió durante la huelga. Y la ausencia de este tipo de fallos que respaldaban lo que decía fue lamentable para Martens.
Una Martens a la que le faltó conocer a su sector. Claro, ya había trabajado con los maestros antes. Pero jamás se había enfrentado a la realidad de todo su sector. No es lo mismo conocer el sector en el papel que en el campo.

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