Un
mundo en transición:
ha quedado demostrado
que la muerte
es solo una fase.
Sale
el último autobús
y
empieza a sonar
después
de tanto tiempo
tu
canción
en
la radio.
Con
dos acordes:
ponerse de acuerdo
y
no estar de acuerdo.
Sobre
bonitas
tardes
en
tu casa de campo
que
me embestía
con
tu puño férreo;
ya soy un mártir.
Sigue
sonando la canción
entre
los llantos
de
los niños.
Putos
ellos
por
pertenecer
a
la generación
contraproducente,
aquella
que nos eclipsará
por
sus días de ira.
(Son cocodrilos:
lloran solo cuando llueve).
Y
amanecerá
sobre
la piedra
en
el que las víctimas
de
tus noches fugaces
hablarán
sobre
ti;
ellos
desamparados,
caminando
por las farolas
de
una ciudad en transición.
La
canción
resurgirá
de
los gritos
criminales
del
cuervo
hambriento
que
vuela
sobre
mi
cabeza.
Ojalá
fueses
un
milagro
inconsciente,
porque
Dios
no
concede
ni
cede.
Héctor Espejo.

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